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María Rosa Muiños es legisladora de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, jefa del Bloque Peronista y reelecta para el período 2017-2021. Fue reconocida en diversas oportunidades como Mejor Legisladora de la Ciudad. En esta entrevista nos habla de la realidad del país y de la Ciudad. La necesidad de construir con esperanza. La certeza de que el pueblo siempre encuentra la forma de hacerse ver y oír.

-Desde tu lugar de mujer peronista y legisladora, ¿cómo evaluás la realidad actual del país y la Ciudad?

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María Rosa Muiños: –Aunque sean dos planos diferentes es interesante pensar la óptica femenina y peronista al mismo tiempo. La realidad es compleja. La situación económica se está evidenciando con lentitud pero está golpeando especialmente a los sectores populares, los que menos tienen históricamente. En la Ciudad, como un todo, no tiene reflejo suficiente por la actividad económica propia pero sí se observa el deterioro en los barrios de siempre, en los barrios de sur. Por ejemplo, a pequeña escala se está viendo un desborde en la solicitud de atención en los servicios de salud, en los CESAC, en los hospitales públicos. La gente que pierde su trabajo, pierde la obra social y por ende tiene que volver al hospital público para la atención de la salud de su familia. Son situaciones que van a ser muy difíciles de revertir. La Ciudad sigue sin tener políticas sociales y en esto hay una consonancia con las políticas del gobierno nacional. Tenemos una asistencia social que ha continuado en el tiempo, una política que Macri sostuvo: los planes sociales, la Asignación Universal por Hijo. Pero los está bajando de a poco. Creo que en respuesta a su propio electorado. Tiende a cubrir la inmediatez antes que realizar una inversión pública en educación, salud y desarrollo. Yo tenía expectativas de que la Ciudad, teniendo el presupuesto más alto del país, en estos dos años se empezara a orientar una política con mayor atención en lo social, pero no está ocurrriendo. Veamos el avance de la urbanización de la villa 31 y la construcción del Ministerio de Educación allí. Está prevista la inauguración de la obra del Ministerio para 2019, sin embargo la escuela primaria va a demorar más. Es una señal preocupante, porque lo que necesita el barrio es la escuela primaria y no el edificio del Ministerio que ya tiene su sede. Este posicionamiento del gobierno subyace en todas las políticas.

-A partir de este año, el oficialismo tendrá quórum propio en la Legislatura. ¿Cómo evaluás este escenario?

MRM: -El oficialismo hace tiempo que cuenta con quórum propio. Sin llevar el nombre de un solo bloque, al fijarnos históricamente siempre ha promulgado leyes que ha tenido voluntad de sacar. Han tenido quórum propio el año pasado y el anterior con sus alianzas. Hoy está oficializado porque es un solo bloque, que tiene la capacidad de votar las leyes que requieren 31 votos, pero son los mismos diputados que formaron parte de la alianza con la que (Mauricio) Macri ganó en el 2015. Hay una construcción mediática, algunos lo llaman “posverdad” y, en realidad, es decir una cosa pero hacer otra, una política constante. Por ejemplo, cuando Macri era jefe de gobierno, intentó instalar un proyecto para armar con Taser a todas las fuerzas de la Policía Metropolitana. Los diputados del campo popular se indignaron. Actualmente, tiene quórum propio y vuelve a salir la polémica de cómo armamos a nuestras fuerzas de seguridad: si un policía porta un arma que, en realidad, no dispara balas sino que genera una pequeña descarga eléctrica que inmoviliza al sospechoso, pero no lo mata. (Horacio) Rodríguez Larreta dijo que no está de acuerdo con este tipo de armamentos. Por lo tanto, podemos deducir que todos los años anteriores cuando afirmaban esto, en verdad negaban. Eso sucede en muchas cuestiones. Me preocupa muchísimo lo que ellos llaman “doctrina”.

-¿Qué opinás sobre esa “doctrina”?

MRM: -Creo que el concepto de “doctrina” les queda grande. Más allá de esto, lo que me preocupa es que la reacción es mayor que lo que debe repeler. La Ciudad es el epicentro de la política, es como la vidriera de la política. Nos hemos encontrado con un campo de batalla donde hay dos bandos que están desequilibrados, tenés gente que quiere manifestarse y un cuerpo policial que está regido por una ley, la Ley de Seguridad Pública de la Ciudad de Buenos Aires en un caso, en otros casos fue la Gendarmeria que responde al gobierno nacional, que están armados o tienen orden o tienen libertad para reprimir en forma excesiva. Éste es uno de los temas más preocupantes porque quieren crear una mentira, una falsa dicotomía. Creo que la gente igual y, esto es como el mensaje esperanzador, encuentra la vuelta para hacerse escuchar, hacerse ver. Debería ser un llamado de atención para el gobierno. Después de toda la historia de nuestro país, ellos tendrían que saber que la gente siempre va a encontrar la forma de hacerse ver y de hacerse oír.

-¿Te parece posible alguna política de seguridad que no sea violatoria de derechos y que aborde el problema?

MRM: -En este contexto no porque es una decisión política. El gobierno está dando gestos diarios de que hay una decisión de endurecer la acción policial frente al delito o a la manifestación pública, excediendo lo que está establecido en la ley. Es el caso de Chocobar, felicitan al policía y consideran que el juez tomó una decisión desacertada al procesarlo. Deciden felicitar a quien está filmado disparando por la espalda a un delincuente. Están pasando por arriba de la justicia. A ello se le suma la falta de protocolos tanto en la Nación como en la Ciudad. Los mencionan desde hace dos años sin embargo no existen. Ésta será una de nuestras tareas fundamentales del año legislativo: trabajar con otros organismos sobre un protocolo de las fuerzas de seguridad en manifestaciones en espacio público.

-¿Cómo se construye una Legislatura capaz de escuchar a la gente, sensible a las necesidades de las vecinas y vecinos de la Ciudad?

MRM: -El oficialismo, al ser mayoría, tiene la obligación de no convertir esto en una escribanía. Va a depender más de ellos que de nosotros, pero no podemos abandonar nuestro rol contestatario de recordárselos permanentemente. Tengo una buena experiencia de trabajo con los diputados del PRO, con diputados de otros bloques. En discusiones individuales acordamos proyectos de ley propios o de ellos, incluso los modificamos. Aspiro a que ese ritmo de trabajo continúe de esa forma. Conmueve el fallecimiento de la diputada Débora Pérez Volpin porque tenía el perfil de una legisladora muy trabajadora, dispuesta a dialogar. Ese es nuestro rol fundamental, que no sea una mentira lo del diálogo y obligarlos de alguna forma con la exposición pública a hacer que sea real. Insisto en que es un contexto difícil porque ellos tienen una visión de la política, que se está llevando a la práctica desde el gobierno nacional, en contra de este discurso.

-¿La descentralización en la Ciudad se verifica de forma efectiva o también forma parte de la posverdad?

MRM: -Presidí descentralización durante dos años. Pudimos llevar adelante la consulta popular para ponerle el nombre a la Comuna 9, Lisandro de la Torre. Actualmente siguen sin institucionalizar su nombre. Pensé que podía ser el puntapié para una política efectiva de participación de los vecinos. Actualmente están difundiendo una consulta por internet para poner los nombres a las calles de la Villa Olímpica. Es un bastardeo a la participación popular. Hemos ido señalando este tipo de situaciones durante el año pasado. En algunos casos, tuvimos una respuesta exitosa, hicieron cesar esa participación que a nuestro entender es falsa. Algunas, porque las señalamos públicamente, otras son más difíciles porque se han hecho parte constitutiva de la política y difusión del gobierno de la Ciudad. Tenemos siete comuneros por cada una de las comunas, electos por los vecinos de esa comuna. Un grupo de vecinos había parado un decreto del gobierno de cuatro o cinco años atrás que designaba gerentes y subgerentes en cada una de las comunas. Ese amparo se cayó y los están designando. Entonces, por un lado, el gobierno dice que hay un “exceso de representación” porque siete comuneros en cada comuna les parece mucho, les niegan potestades que le corresponden y las retienen dentro del Ejecutivo. Pero, al mismo tiempo, nombra cuatro gerentes por cada comuna para hacer las tareas que deberían hacer los siete comuneros electos por la gente.

-En el 2019, ¿qué atributos debe tener en la Ciudad una fuerza política opositora capaz de convertirse en opción de mayorías?

MRM: -El panorama es bastante complicado porque existe un gobierno nacional que, si bien está en la mitad de su mandato, es muy reciente. Conserva muchísimo apoyo porque la esperanza es una condición inherente al ser humano. Tanto para el que lo votó y no quiere sentirse un tonto como para quien no lo votó y pretende vivir en un país en el que sus hijos crezcan y vivan bien. La mayoría compartimos esa voluntad y esa esperanza de que ocurra el milagro y el país pueda despegar. Sin embargo, todas las señales indican que sufrimos aumentos todos los días en los servicios públicos, el transporte, los alimentos, la salud, y además porque vemos que hay un sector que está despegando a costa del resto: el financiero, el capital especulativo. Insisto en que la esperanza de creer que alguna vez se va a cumplir la teoría del derrame está en cada uno que necesita de eso para seguir saliendo a la calle, ir a su trabajo y tratar de llevar la comida a la mesa a su familia. Entonces me parece que es difícil construir una opción desde la oposición con este panorama, frente a un gobierno que recién está empezando. Sin embargo, en la Ciudad, Rodríguez Larreta es una continuidad de una política, él fue el gestor de los anteriores gobiernos de Macri. Es un jefe de gobierno que tiene mucha presencia y recorre la Ciudad de Buenos Aires. Pero es un gobierno que no está naciendo. Es un gobierno que se estaría agotando. No se agota porque la capacidad de gestión de Rodríguez Larreta es muchísima, debido a la cantidad de horas que trabaja y porque es el distrito más rico del país. Espero que nuestra vocación por pelear por los que menos tienen, en algún momento, se concrete en un resultado electoral. Es nuestra obligación como militantes y políticos y no podemos abandonarla. Y menos, cuando la política económica nacional golpea aun en este distrito con tantos recursos. No sé si tengo la receta para la construcción de una opción de gobierno en la Ciudad pero sí hay que revisar algunas cuestiones. Si bien nuestra prioridad son los que menos tienen, en este proceso no solamente hemos descuidado a la clase media sino que, de alguna forma, hasta la hicimos responsable de que hubiera un sector más desprotegido. Debemos modificarlo en el discurso y en la acción, saber que los problemas de la clase media siguen siendo problemas aunque no sean tan urgentes ni tan acuciantes como los de la clase más baja. Me parece un punto absolutamente necesario para cualquier fuerza política que quiera gobernar la Ciudad.

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