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Pablo Vera es concejal de Avellaneda y jefe del bloque PJ-Unidad Ciudadana. En esta entrevista habla sobre la relación de los municipios opositores con la gobernadora. La imagen de María Eugenia Vidal. El reordenamiento del peronismo.

 

-¿Cómo ves la relación de los intendentes opositores y de la oposición con la
gobernadora María Eugenia Vidal en la cuestión más cotidiana?
Pablo Vera: -Hay un plano político en el que nosotros tenemos una posición
contraria a la de Cambiemos en la provincia de Buenos Aires. Pero existe un plano
institucional en el cual se deben establecer relaciones por necesidades tanto de la
provincia como del municipio. En nuestro caso, es muy clara la oposición del
intendente, pero hemos intentado infinidad de veces tener un diálogo “bilateral” y
concreto con la gobernadora y ha sido casi imposible. De alguna forma, la
gobernadora termina castigando a los vecinos de la ciudad porque no está de
acuerdo con nuestro posicionamiento político. A veces, con algún ministerio
avanzamos más y con otro menos, porque tampoco las estructuras institucionales
son un bloque homogéneo. A dos años, entiendo que es una decisión política que el
gobierno provincial no quiera tener una relación institucional con determinados
intendentes. No significa que nosotros no queramos tenerlo.
-¿De qué modo rechaza el vínculo institucional?
PV:La gobernación pretende en relación a algunos temas que haya posiciones
comunes de todos los intendentes. El ejemplo más claro es el del pacto fiscal.
Nosotros no vamos a adherir porque es un municipio que tiene superávit. De hecho,
la gobernación y el Estado Nacional han avanzado con despidos en la administración
pública. Nosotros, en diciembre del año pasado, incorporamos 800 trabajadores que
antes estaban en el sistema de cooperativas. Creemos que ese pacto fiscal es un
avasallamiento de lo que son las autonomías municipales. No lo vamos a aceptar. No
hubiésemos tenido ningún problema en discutir lo que fuera, siempre y cuando se
respeten las autonomías municipales y se entienda que hay municipios que hemos
hecho las cosas como corresponde. No tenemos por qué someternos a los arbitrios o
las decisiones de política económica o de política institucional que tiene la
gobernación.
-Respecto del financiamiento, ¿los municipios dependen de la caja de la
provincia? ¿qué sucede cuando no tienen un buen diálogo?
PV:-Existen dos fuentes de financiación, la coparticipación, en donde no hay
ninguna posibilidad de discrecionalidad, es decir, sucede por ley. Eso drena en
forma permanente. Y, por otro lado, los recursos locales. En la medida en que hemos
hecho gestión en la ciudad, el vecino ve los impuestos y los servicios que paga.
Nosotros nos financiamos con recursos propios. Tenemos una altísima taza de
cobrabilidad, una de las más altas de la provincia. Entonces la gestión se financia con
recursos propios. En el caso de vivienda u obras de gran infraestructura, se hacen
con fondos nacionales o provinciales. En los últimos años en general se han hecho
con fondos nacionales porque no recibimos fondos provinciales. Con respecto al
pacto fiscal, nosotros no nos vamos a someter a esa extorsión. No debe establecerse
dentro del sistema democrático. Hay que respetar las posiciones y, en definitiva, la
gobernación tiene que entender que nosotros somos un municipio con superávit.
-En ese “nosotros” existe un espacio político de pertenencia de los partidos, de
los movimientos. Pertenecés al Frente para la Victoria-Unidad Ciudadana,
derrotada en la últimas dos elecciones. Y todas las derrotas tienen una
consecuencia.
-¿Cuáles son y cómo ves el reordenamiento del espacio del
peronismo y de Unidad Ciudadana como correlato electoral?
PV:-Nosotros fuimos derrotados a nivel provincial y a nivel nacional, no a nivel
local, tanto en 2015 como en 2017. En el caso del Frente para la Victoria y ahora en
2017 como Unidad Ciudadana nosotros ganamos, tanto en las categorías locales
como en las categorías provinciales y nacionales. Es un proceso en recomposición.
Hay un convencimiento de que es necesario que el peronismo y su política frentista
vayan confluyendo hacia un proceso de unidad. Lo que es importante es la unidad en
la diversidad, las distintas miradas de la sociedad. Nosotros vivimos en una sociedad
extremadamente compleja y con muchas aristas, sobre todo en los grandes centros
urbanos. Conviven las culturas políticas, muchas visiones y hasta cuestiones
generacionales. Así que yo tengo una mirada positiva de los últimos movimientos.
Hay una voluntad de que nosotros tenemos que construir una unidad. Me parece
que el límite concreto tiene que ser (Mauricio) Macri. Luego, las formas en las que se
va a resolver la unidad o la ingeniería política hay que verlas; El instrumento de las
PASO puede ser válido, también habrá otros. Este año va a ser muy importante tanto
en los espacios institucionales como en la movilización callejera para demostrar la
oposición al gobierno. Soy optimista en cómo se van articulando los diversos
sectores del peronismo. Lo preocupante es que, mientras tanto, el gobierno va a
intentar anclar la inflación a través de la pauta salarial
-¿Qué pensás del intento del gobierno de poner le techo a las paritarias?
PV: -Cuando vemos que el gobierno plantea una estrategia de paritaria del 15% y el
último informe del rendimiento del Banco Central habla del 19,5%, significa que se
pierden 4 puntos y más de capacidad salarial, de pérdida adquisitiva. Ese es un
debate y una batalla política que los trabajadores y, en general, la sociedad debe dar,
no se puede permitir. Va a teñir por lo menos hasta mayo o junio de este año. Y el
peronismo tiene que jugar claramente a favor de los intereses de los trabajadores.
Es una disputa clave para saber cómo se desarrolla hacia delante. Insisto, soy
optimista en la articulación de los diversos sectores del peronismo.
-¿Cuáles son las formas políticas para disputarle a la gobernadora el
protagonismo alto y la imagen positiva frente a la sociedad?
PV: -Es difícil la disputa porque hay un blindaje mediático muy importante. Cuesta
construir opiniones distintas. En nuestro caso estamos en una situación compleja en
la Ciudad porque estamos rodeados de gobiernos de Cambiemos. La Ciudad de
Buenos Aires impacta cultural, política, económica y socialmente sobre Avellaneda.
Nuestros otros vecinos son Lanús y Quilmes. Llevamos una ventaja con respecto a
ellos porque es muy raro que un vecino que viva en Lanús o en Quilmes no desee
vivir en Avellaneda. Hemos construido una gestión en la cabeza del intendente,
caracterizada por brindar una ciudad mucho mejor de la que recibió en su
momento.
-¿De qué modo se puede visualizar?
PV: -La comparación con dos gobiernos de Cambiemos nos favorece. Estamos
intentando un mayor protagonismo de la obra pública con recursos propios en la
calle, tratando de buscar la participación del vecino y, desde nuestra estrategia
comunicacional, lograr romper ese cerco mediático. Es difícil, pero la gente no es
tonta, siente el efecto político económico que tiene esta política sobre los
comerciantes, vendedores ambulantes, sectores populares. El deterioro del poder
adquisitivo del salario no solamente se da en los sectores trabajadores sino también
en los sectores medios, es una situación compleja. Es cierto que la gobernadora
tiene buena imagen pero nosotros vemos en los últimos tiempos que hay un proceso
de deterioro de la imagen del gobierno. Es importante cuando uno está en la
administración pública, la política partidaria, pero está la necesidad del vecino que
no espera la próxima elección. Nos caracterizamos por una gestión altamente
positiva y con amplia capacidad de respuesta al vecino.

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