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Alejandro Barrios, economista, docente de la Universidad de Buenos Aires, de la Universidad de Moreno y de la Universidad Metropolitana por la Educación y el Trabajo, integrante de El Sur no espera.

Antes de asumir la presidencia de la Nación, el candidato de la Alianza CAMBIEMOS manifestó, en más de una oportunidad, que el problema de la inflación era “lo más fácil y lo más rápido” que se iba a solucionar. Es que, si una persona acuerda con el diagnóstico liberal sobre las causas de la inflación, se convence de que el remedio a dicha enfermedad es fácil de conseguir y genera un rápido alivio.

Ellos “creen”- a esta altura la teoría liberal sobre las causas de la inflación, debería ser considerada una religión- que existen cuatro causas para la movilidad ascendente de todos los precios. A saber: déficit fiscal, emisión monetaria, economía cerrada y los mercados (el del empleo) regulados.

¿Por qué es fácil y rápido para un liberal terminar con la suba de precios? Fácil porque depende de muy pocas personas solucionarlo, y rápido porque al no reconocer otro causal, muerto el perro se acabó la rabia. Por lo tanto, si el presidente le “ordena” al ministro de economía bajar el déficit público “debería” también bajar la inflación. Si hace lo mismo con el presidente del Banco Central (no debería dada la independencia je) y le ordena bajar la emisión monetaria “debería” bajar la inflación. Si además llama al director de Aduana y le ordena dejar entrar todas las importaciones baratas de bienes con aumentos de precios locales, “debería” bajar la inflación. Si por último instruye al ministro de Trabajo para que no homologue paritarias por encima del nivel que él cree aceptable (15%) “debería” bajar la inflación, por lo menos a ese nivel que se considera razonable.

El presidente cumple con los deberes que le manda su “creencia”: hace ajuste del gasto público (echa empleados y baja salarios), saca pesos del mercado (emite títulos en pesos y aumenta la tasa de interés), abre la economía (entran muchas y baratas importaciones) y boicotea toda paritaria que pretenda acercarse a los niveles inflacionarios del período anterior.

Pero el problema es que los precios siguen subiendo y, lo peor, a una velocidad mayor que en el período anterior al tratamiento liberal de la enfermedad.

El reciente informe del INDEC, sobre el IPC para el mes de junio del 2018, da cuenta del fracaso del equipo oficial en el tratamiento de esta enfermedad que sufre la economía argentina.

 

Del informe del INDEC del día martes 17 de julio, tomamos el índice de precios con representatividad geográfica en el GBA porque es el que ofrece la serie más larga, ya que el nuevo IPC Nacional tiene como base 100 a diciembre del 2016, cuando ya muchas de las políticas de CAMBIEMOS habían sido implementadas. De todas maneras, queremos aclarar que, para abril del 2016, también ya se habían producido fuertes aumentos de precios, fundamentalmente por la devaluación más anunciada de la historia en diciembre de 2015.

Desde abril del 2016 hasta junio 2018 el nivel general del IPC GBA se incrementó en 69,6%, la categoría Regulados (luz, agua, gas y servicios como transporte, salud, etc.) se incrementó en 91,9%, los productos con Estacionalidad (frutas, verduras, turismo, etc.) lo hicieron en 50,2% y, la mayoría de los componentes del indicador, la categoría Núcleo (casi el 70% del IPC), tuvo una variación en dicho período de 65,3%.

Lo más grave de la actual situación es que, estas altísimas variaciones de los precios se han acelerado en los últimos meses y, lamentablemente, no parecen encontrar un techo.

La categoría Núcleo, la que no se mueve por regulaciones del Estado, ni está afectada por estacionalidades, ha tenido una dinámica que debería llamar la atención de cualquier gobierno ocupado en el bienestar de su pueblo. En el mes de enero del 2018 la “inflación núcleo” fue 1,5%, en febrero fue de 2,2%, en marzo de 2,5%, en abril de 2,1%, en mayo de 2,6% y el último dato, para el mes pasado de junio arrojo una variación de 4,2%. En el acumulado de enero 2018 a junio la inflación “núcleo” ya alcanzó el 15,9%, por arriba de lo que el gobierno nacional “creía” que iba a ser la inflación de todo el presente año. Los consultores amigos del gobierno están corrigiendo sus previsiones y actualmente afirman que la inflación en 2018 no será menor que 30%.

Que el mayor aumento se de en la categoría Núcleo (70% de los bienes y servicios de consumo que componen el IPC oficial) implica que las variaciones ascendentes de precios no están influenciadas por cuestiones “estacionales” o por una decisión política como sería el caso de los “regulados”, sino que responden a causas estructurales que no se han corregido: la dolarización de la mayoría de los precios junto a la libertad de los formadores de precios para “elegir” cuánto trasladan a precios ante cada nueva devaluación de la moneda local.

Como lamentablemente los ingresos de los hogares argentinos no seguirán el ritmo de aumentos que tienen los precios, la crisis de la economía real (producción, distribución y consumo) continuará. Los hogares de trabajadorxs activos, tendrán paritarias por debajo de la inflación, los hogares con trabajadorxs pasivos, con la nueva fórmula, tendrán actualizaciones de jubilaciones y pensiones por debajo de la inflación, y por lo mismo, también los hogares de trabajadorxs desocupados tendrán actualizaciones de las transferencias de ingresos por debajo de la inflación. Casi todo el universo de hogares argentinos tendrá ingresos en 2018 y 2019, por debajo de los obtenidos en 2017, con lo cual la crisis no tendrá piso.

Las políticas públicas que se implementarán para dar cuenta del acuerdo firmado con el FMI (más ajuste fiscal, en nación y provincias, más apertura, ventas de activos, etc.) solo profundizarán la crisis económica y, en el mejor de los casos, extenderán la agonía de la insolvencia del modelo de CAMBIEMOS.

Como venimos diciendo desde esta columna, la irresponsabilidad del gobierno nacional, en solo dos años, llevó nuevamente a la sociedad argentina a una encerrona de muy difícil salida.

Ojalá que no sean los buitres externos ni los caranchos locales los que, a través de una corrida o un golpe de mercado, pongan fin a esta experiencia del peor equipo de gobierno desde 1983.

Ojalá que la dirigencia política encuentre diferentes salidas alternativas a la crisis, y que sea el pueblo argentino el que decida cuál de ellas merece su confianza.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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