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DRAMA DE ÉPOCA

 

La obra maestra de Gustav Flaubert, Madame Bovary (1851), continúa siendo de interés actual no sólo en sus reediciones ilustradas, los clubes literarios o las clases magistrales de literatura francesa, sino también en la pantalla chica de Netflix (2014), que recomienda a toda lista atenta a las películas basadas en libros esta particular historia de alta temperatura política y social.

 

Aunque para expertos o conocedoras de las letras como de la pantalla grande, su guión –o mejor dicho, cualquier libro llevado a película- pudiera ser puesto en duda por falta de solidez o estereotipos, vale la pena mirar durante dos horas este drama de época, en una versión del clásico francés con actores magistrales y ambientación ornamentada. Madame Bovary es todo un símbolo, ¿quién no la leyó o simplemente escuchó hablar de ella alguna vez?

 

Al comienzo del film, se sabe que Emma, durante su infancia había sufrido de prohibiciones, cuando las monjas a cargo de su enseñanza no le permitían adentrarse en las novelas románticas de lo que sería su “educación sentimental”. Sin embargo, esto no implicó que no las leyera o las pusiera en acto: su apertura al deseo, la experiencia del amor-desamor, la poesía o la ilusión definen las pruebas. La pasión de Emma que siente por el marqués d’Andervilliers, por tanto, la alejará de su esposo Charles Bovary, un doctor rural con aspiración de cirujano, rutinario y conformista.

 

El retrato psicológico de Emma (Mia Wasikowska), escrito por Sophie Barthes (Intercambio de almas, Happiness), está destinado a quienes les interesen personajes de mujeres bien alejados de la figura de la mujer como “ángel” o de la esposa servidora de un marido “en pantuflas” (así lo sugiere el mismo Charles en el film), además de estar anclado en la Historia con mayúscula, en cuyo centro imperan las caídas y las instauraciones como lo son las de la Segunda República, en primer caso, y el Segundo Imperio de Napoleón III, en el segundo.

 

No van a faltar por eso los símbolos de la industria ni los acalorados partidarios del progreso, mientras suena un delicado piano de cola y se desata la lluvia tras la ventana, que aclimatan las decepciones de la vida, la falta de dinero o los hartazgos al deber cotidiano. También, los primeros diarios de moda y el problema de los créditos de dinero por el ansia del consumo feroz.

 

Algunas curiosidades sobre este retrato magistral escrito por Flaubert sin vencimiento fueron difundidas por Historia y vida, en el Siglo de oro del erotismo que podrán pensarse o debatirse, después de que termine la ruina singular. Entre las más notables, se halla que Madame Bovary dio nombre a una enfermedad: “el bovarismo”, que “consiste en la insatisfacción crónica producida por el frustrante contraste entre la ilusión y la realidad.”

 

Y finalmente, para el espectro de las luchas femeninas, Emma, según describen, representa un “símbolo feminista”. La repercusión social de la obra se tradujo en que el personaje “fuese adoptado por el movimiento feminista como símbolo del despertar de la conciencia femenina”. Cabría la duda sobre todo por la dualidad asimétrica de “feminista-femenina”, pero no existirá mejor respuesta después de ver a la película catalogada como “siniestra” que la lectura de este personaje universal que traspasó épocas, lenguas y culturas, y que no falta en ninguna biblioteca.

 

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