In La ciudad que no miramos

 

En el barrio de San Telmo, corazón tanguero de la Ciudad, los que viven Enclave Tango
saben que en Perú 571 (Buenos Ayres Club), pueden disfrutar cada martes de una
propuesta diferente a la ya nutrida agenda de milongas de la Ciudad. A partir de las 20.30,
Mariana Docampo dicta clases de baile, musicaliza y coordina la agenda de shows en
vivo de Tango Queer, un espacio que invita al baile, al juego, la disrupción, pero
también a la disputa. Docampo nos cuenta en un impasse: “Hace 15 años empecé con
un grupo de mujeres a las que les enseñaba los dos roles y después, cuando tuve que
ampliar la propuesta e invitar a hombres también, decidí ponerle el nombre de Tango
Queer, que tiene que ver con una movida política. Se trata de un lugar donde la pareja
heterosexual de baile no es la norma, una propuesta ‘descentralizada’, donde no
existan parejas que puedan ser nominadas como “raras”.

Los avances en materia de derechos no han sido acompañados por las prácticas
corrientes del mundo tanguero, donde el machismo ha sido constitutivo y
orgullosamente exhibido como un valor identitario. Las letras, referentes, orquestas y
organizadores siguen siendo, en su gran mayoría, conducidas por varones. Es por eso
que, al día de hoy, para muchos sigue resultando extraño ver a una mujer guiando a un
hombre, a un hombre guiando a otro y luego ser llevado por un tercero, saliendo de un
rol y entrando a otro, sin conflicto y con el placer de cada instancia como regla
desafiante a la heteronormatividad que todos llevan(mos) dentro.

La milonga Tango Queer funciona entonces como una práctica política que, a partir de
la danza, invita a propios y extraños, residentes o foráneos, a poner en duda los roles,
a disociar los mismos de un género -el hombre/macho/varón que conduce a la mujer
dócil- y a instalar nuevas formas de concebir, a partir de la danza-tango, el lugar de
todes en relación al/los otres. Al momento de salir a bailar quien invita y quien es
invitado deben pactar cuál comienza la conducción. Este ponerse de acuerdo de modo
previo es totalmente novedoso y sale del famoso “cabeceo”. El abrazo es abierto para
permitir el intercambio de roles.

En el lugar también se bailan valses y se puede comer empanadas y tomar vino.

Como define Mariana: “Aunque parezca gracioso, podemos decir que Tango Queer es
ya un ‘clásico’. Esto ha permitido a personas que hoy tienen unos 30 años empezar a
bailar en un espacio como el nuestro, naturalizando aquello que hace 15 años
resultaba transgresor.”

Esta milonga logró con los años un estatuto internacional gracias al festival que se
celebra cada noviembre, con presentaciones, workshops, shows y clases
especializadas.

Tango Queer funciona en Buenos Ayres Club, Perú 571. Todos los martes a partir de las
20.30
www.tangoqueer.com / Tel: 15-3252- 6894

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